Tuesday, August 2, 2016

El atraso histórico de las empresas en hispanoamérica



En hispanoamérica las empresas no gozan de buena fama.  Cuando son empresas por acciones, es decir corporaciones, reciben el estigma de la "multinacional corporativa malvada": abusos a los derechos laborales, malos pagos en fábricas maquiladoras, ejecutivos inhumanos que solo piensan en extraer recursos y dejar desecados los recursos naturales de la república bananera en la que se asientan.

Sin embargo, la figura de las empresas constituidas por acciones es una de las creaciones humanas más importantes para conseguir que un proyecto obtenga financiación de los mercados de capitales. Cuando un grupo de personas se asocian con reglas claras de manejo de capital, la posibilidad de recibir inyecciones de dinero de inversionistas externos reduce exponencialmente las barreras a que un proyecto con TIR positiva reciba financiación.

¿Por qué existe un atraso histórico en las empresas en hispanoamérica? Esta figura comenzó en 1732  cuando se crearon empresas de comercio que seguían el modelo de las empresas "Indian Trade" como la holandesa o la británica.  Recordemos que enviar flotas de galeones en el siglo XVIII era una empresa arriesgadísima: con frecuencia no llegaban a su destino, eran asaltadas por piratas, o traían exiguos botines.

Los holandeses e ingleses tuvieron que aprender a las malas a emprender negocios riesgosos y, con libreta en mano, sacaron cuentas de cómo lograr la recuperación de capital en el largo plazo. Así llegaron a idear la corporación como una manera ideal de recaudar los recursos para financiar el envío de estos barcos a recorrer medio planeta.

El desarrollo tardío de las empresas por acciones en hispanoamérica puede está explicado en parte por la idiosincracia del español, que heredamos todos los países conquistados por España.  Phanor (1952), lo pone así, al citar a un reconocido economista español del siglo XVIII:

"The leading economist of his day [1732], Ustariz, referring to the Dutch East India Company, said:

'Such a company would rather be injurious than useful here... [for] the vivacity of the nation can never be reconciled to it, or engage with the coolness and temper such projects stand in need of, to succeed, and be permament, or have all that patience, which the slowness of the returns demands; especially since there arises no profits in the first years, when usually the expenses run higher than the gains"

Es decir, el español del siglo XVII carecía del "coolness, temper y patience" requerido para desarrollar un mercado de capitales con empresas por acciones.  Phanor remata su hipótesis cuando afirma que:

"The marked individualism of the spanish character did not furnish a spur to the spirit of association on a large scale"

¿Es posible que con la pésima educación financiera que tenemos en América Latina no hayamos desarrollado estas virtudes de aplomo, talante, y paciencia requeridos para abrazar la idea de las empresas por acciones?

Independientemente de cuál fue la razón, el hecho es que la llegada de la empresa por acciones a tierras latinoamericanas solo se daría formalmente con el Código de Comercio francés de 1807, que reconoció por primera vez a la sociedad anónima, y que acá adaptamos casi al pie de la letra.

El adjetivo "anónimo" tenía como función diferenciarlas de las sociedades en las que el nombre de los socios era uno de los componentes del nombre de la empresa, por ejemplo, Compañía Vargas, o Empresas Fuentes.

Hoy en día, menos de 100 empresas cotizan en la bolsa de valores de Colombia.


REFERENCIAS

Eder, Phanor. (1951). "Company Law in Latin America", Notre Dame Law Review, 27, 1, pp. 9-42.

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