Wednesday, June 13, 2018

Descarriados tecnológicos

Publicado en El Universal el 9 de junio de 2017




El ser humano es un animal de rutinas. Cada día es un ciclo que durante decenas de generaciones lo hemos amoldado trabajando de ocho a seis, de lunes a viernes. Cada año también es un ciclo y enero lo aprovechamos para fijarnos metas y propósitos. 

El ciclo diario es natural porque el cuerpo humano sincroniza sus procesos biológicos con la salida y puesta del sol, lo que los médicos llaman un ciclo circadiano. Respetar el reloj biológico es sano: comer y dormir a las horas en los intervalos adecuados repercute en una vida más larga, saludable y libre de estrés.

El problema con la sociedad tecnológica es que crea marcadores que alteran el reloj biológico de formas artificiales que pueden salirse de control. A diferencia del cotidiano sol, la tecnología crea hábitos que nos programan en horas arbitrarias: por ejemplo, el noticiero del mediodía divide nuestros días en dos, o los seriados de televisión le dan identidad a la generación que los ve. 

Los ciclos artificiales además se están tornando muy volátiles. Hemos entrado en la era de lo instantáneo. El acelere invadió a nuestras vidas con una mezcla de mensajería instantánea, redes sociales, buscadores, televisión en línea y la comida rápida. 

Los emprendedores ahora deben aprender a vender sus ideas de negocio en apretadas charlas que duran menos de lo que tarda en bajar un ascensor. Las familias, las parejas y los amigos departen mirando el celular en medio de un hechizo que pareciera romperse a medida que a cada uno se le agota la batería.

Ante la carencia de referentes culturales comunes a la generación de los Millenials, la industria del entretenimiento se ha visto abocada a explotar la nostalgia de la generación de los treintañeros, con remakes de películas noventeras que llevan a la pantalla grande historias que originalmente eran cómics.

En cambio, las nuevas generaciones son indómitas ante cualquier campaña de mercadeo: no le tienen paciencia ni a los comerciales de más de diez segundos en el canal de YouTube. Si antes una maratón servía de metáfora para la vida cotidiana, ahora parece haber cambiado a una carrera de 100 metros planos.

La cantidad de información humanística que antes podía consumirse con leer un clásico griego no cabe en un trino de 140 caracteres o en un meme. Si alguno quiere que su mensaje impacte en redes sociales, debe embutirlo en una frase suelta al pie de una imagen ocurrente. 

En unos años el nuevo reto del mercado y la economía será encontrar formas de desacelerar a la gente, reencausarla en ciclos más estables y naturales, y desintoxicarla del frenesí de memes que la absorbe hoy en día.

Tuesday, May 15, 2018

Impuesto al latifundio



La propuesta de democratizar (eufemismo para expropiar) los latifundios para dárselos a la población pobre, es aparentemente una buena idea para la economía. Sin embargo, un examen más profundo revela que puede resultar contraproducente.

En Economía existen tres principios inviolables que se deben proteger a toda costa, echándoles candado y escondiendo las llaves si es necesario.  Cada tanto, cuando vienen coyunturas, se vuelve tentador romper estas reglas con cualquier pretexto. 

La primera regla es no usar la emisión de dinero para financiar el crecimiento de la economía. La política monetaria se le ha quitado entonces al poder ejecutivo y la tienen bancos centrales independientes, que vigilan la emisión de dinero como si fuera material radioactivo peligroso.  Una inflación fuera de control puede hacer que toda la economía se desmorone.

La segunda regla es no eliminar la libertad de mercados y comercio, ni eliminar el derecho a la propiedad privada. Las políticas comercial e industrial nunca deben ir en contravía de estas libertades, de modo que está mal promover monopolios, proteccionismo comercial, o comunismo (propiedad pública de los factores de producción).

La tercera regla es que no hay almuerzo gratis, metáfora usada para decir que si se ofrecen comida, educación, o salud "gratis", ello finalmente sí tiene un precio, que lo terminan pagando las empresas, los trabajadores, y los consumidores, casi siempre en impuestos.  Si un país X regala almuerzos "gratis" para sus habitantes de hoy, en realidad se está siendo egoista con los habitantes de mañana, quienes tendrán que pagar por esa comida con impuestos (que para colmo ni siquiera la habrán cosumido ellos). 

Tener almuerzos gratis solo ocurre en la imaginación de los escritores de cuentos infantiles y de novelas utópicas.  En el cuento de Robin Hood, por ejemplo, el héroe roba las caravanas que cargan el dinero recaudado por tributos al príncipe, que luego reparte a pobres y desfavorecidos.  

Volviendo a la propuesta de expropiar tierras, es potencialmente peligrosa para la economía por dos razones. Primero, sienta un precedente de dejar que alguien decida cuándo es "justo" eliminar la propiedad privada, atentando contra el segundo principio mencionado arriba. 

Segundo, la tierra no es solo factor de producción sino un bien de capital.  Redistribuir esas tierras, o cualquier otro bien de capital,  finalmente es cambiar de forma arbitraria dinero para que pase de unas manos a otras. Con la ilusión del almuerzo gratis, el tercer principio mencionado arriba, pareciera que esta idea consigue crear riqueza de la nada, pero eso solo pasa en el cuento de Robin Hood.

Monday, May 14, 2018

Leña al fuego



Desde Caín y Abel tenemos relatos de diferencias irreconciliables en la sociedad. En la actualidad colombiana, la llamada polarización divide las simpatías políticas con una virulencia casi tan extrema como la vivida en los 1950s entre conservadores y liberales.  En víspera de elecciones y con los grupos de WhatsApp desatados enviando mensajes en contra de candidatos presidenciales, muchas amistades se rompen y el mal humor impera.

El problema se entiende con una metáfora. Piense en un grupo de personas en un bote que necesita llegar a la orilla pero que encuentran, con sorpresa, que un tripulante está remando en sentido contrario. No solo no rema hacia la orilla sino que va para el lado contrario.

La actitud de este remero es de saboteo a las expectativas colectivas, y explican tanto la beligerancia del espectro político de la izquierda como la de la derecha. Veamos por qué.

La derecha cree que existe un avance gradual del bote económico y que se ha avanzado, a pulso, en lograr baja inflación, respetar la regla fiscal y la estabilidad tributaria para no ahuyentar la inversión extranjera.  También opinan que con los TLC y la solicitud de ingreso a la OECD se gana un poco en la disciplina que da la competencia y la rendición de cuentas internacional. 

La izquierda cree que el bote social va en un luchado piloto automático en el cual la constitución y las leyes arropa a los vulnerables y a las minorías. Con denodado activismo, los progresistas cada año empujan un poquito la frontera de los derechos civiles. Así consiguieron en un principio el voto femenino y la representación de indígenas y afrodescendientes, y más recientemente los derechos LGBTI o los derechos de las víctimas del conflicto armado. 

Los avances de la democracia, al menos en Estados al borde del fracaso, no son graduales sino que, por el contrario, consiste de revoluciones y contrarrevoluciones, lo que Isaac Asimov llamaba "crisis Seldon" en sus libros de la serie Fundación.  Con la polarización política que vivimos en la actualidad no se trata de un pulso entre bandos por tener la razón sino que refleja un miedo de la derecha a tener que soportar tres gobiernos consecutivos de izquierda (como en Bogotá) o cinco (como en Venezuela), y de la izquierda de tolerar cuatro gobiernos de derecha (dos de Uribe y dos de Santos) o (supuestamente) cien años más de gobiernos de derecha oligarca.  En ambos casos los miedos son infundados y se basan en sesgos cognitivos y de confirmación que no hemos aprendido a resolver.